El Alma de las flores

Otoño también tiene sus flores y este 19 de octubre de 2017 se abre con una flor blanca de niebla en los campos de Cataluña y Valencia bajo el vuelo del AVE, tras las primeras lluvias otoñales. Pero pronto, a partir de mediodía, se va transformando en un clavel enrojecido, ya por tierras andaluzas, en el viaje desde Córdoba –tan lejana y sola– a Granada.

Paralelamente, y en una dimensión distinta, está teniendo lugar un hermosísimo viaje interior (a modo de la Beatriz de la Divina Comedia), al Alma de Lisboa y de los claveles que hicieron posible el milagro de una revolución pacífica. Mi guía, Carmen Salinas, y el destino, el alma de las flores; el alma de aquellos claveles que derramaron esperanza, pero también sangre, en su mayor parte invisible.

Hablo del libro El Alma de las flores (Ediciones Carena), de Carmen Salinas.

La sensación es extraña: mientras el autobús corre hacia Granada entre páramos, montañas y olivares, cada vez me acerco más a la Lisboa esencial: al desasosegado y lúcido espíritu de su exégeta, Fernando de Pessoa, a la triste magia del fado, a la revolución de los claveles, y, sobre todo, al corazón desgarrado, como la propia Lisboa posrevolucionaria, como la propia Granada lorquiana, encarnada en Alma, en cuya historia se condensa la gloria y la miseria de la condición humana. Aquí, sí, hay que pararse un momento: dejar de mirar por la ventanilla, salirse de Lisboa y reconocer el magisterio literario de su autora. Es difícil razonar, precisamente porque las grandes obras te abducen de tal manera que te conviertes en un personaje más. La gran literatura casi siempre es translúcida, abductora, y en este caso lo es en grado sumo, pero yo viajo a una presentación y algo he de decir.

No me es permitido: el alma de Alma me requiere, me está contando su historia, está pidiendo a gritos otro corazón que la albergue. Me describe su vida en el Portugal profundo, y su pubertad (que casi no llega a ser juventud) enredada en un proceso “liberador” que me resuena mucho, de nuestra propia Transición. ¿Puede la liberación transformarse en vilipendio? Lorca, Pessoa, Granada, Lisboa, la sangre derramada, el desasosiego del fado.

Casi en estado de conmoción, los dos viajes culminan en la mesa en donde me encuentro con Carmen Salinas, otra sorpresa: jovialidad, humildad, sabiduría y empuje. Uno se imaginaba una persona mayor tratando de advertir de los peligros de la vida a las nuevas generaciones. Nada más lejos.

La presencia de los autores siempre revela inéditas dimensiones de la obra. Y ante ella, ante su palabra lúcida y apasionada, ante su disciplina, uno descubre que lo que ha leído no es en sí una tragedia, sino profundo canto de esperanza, porque ella encarna el alma de Alma que ha logrado sobrevivir, que ha logrado transformar el dolor en vida, en amor, en esperanza, en belleza. Es el amor el que nos habla a través de ella y el amor, como afirmaba Einstein, “todo lo vence, todo lo trasciende, todo lo puede, porque el amor es la quintaesencia de la vida. Por amor se vive y se muere…”. Y uno comprende que El Alma de las flores trasciende a las comunes historias de amor conocidas entre dos humanos: estamos ante la historia de amor entre una protagonista y la condición humana. Una historia con apariencia de dolor y con esencia de claveles.

Total y absolutamente recomendable.

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