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Villa Sarajevo: El des(a)tino colectivo y el filo de la navaja

Normalmente, la buena literatura surge como respuesta a hondas preocupaciones que afligen a la sociedad, que ensombrecen su horizonte y que se van replanteando cíclicamente. De ahí que los momentos de máximo esplendor literario suelan coincidir con periodos de crisis política o económica. En esas circunstancias, cualquier acción, por nimia que sea, puede desencadenar un dispositivo de gigantescas consecuencias.

Este es el drama que atrapa a Marlene, la protagonista de la obra, espía al servicio del gobierno suizo, hija de emigrantes andaluces, que desentraña unos los documentos que aparecen en Villa Sarajevo, casa vienesa comprada por la protagonista.

El asesinato del heredero de la corona del Imperio austrohúngaro parte de Gavrilo Princip, que dio origen a la Primera Guerra Mundial y su gran secuela (Segunda Guerra Mundial),  aporta un elemento de reflexión a la novela. El efecto mariposa gobierna tanto la vida de los pueblos como la de los individuos.

Novela histórica y, también, de espionaje, en la que la acción, entrelazando miserias sociales e individuales, conduce al borde del abismo, donde cualquier mínimo resbalón puede ser mortal.

Tensar la cuerda más de lo debido puede tener graves consecuencias y, en este aspecto, Villa Sarajevo, de Rafael E. Muñoz, parece constituir una advertencia en un tiempo sin valores y de cortedad de miras como el que nos ha tocado vivir.

Obra altamente recomendable, tanto por su intensa trama, por su tenso drama, como por las hondas e inquietantes reflexiones que suscita su lectura.

 

José Membrive,

editor

La luz violeta de Alia: entre lo humano y lo divino

La luz violeta de Alia: entre lo humano y lo divino

De los híbridos tipo Frankestein se pueden tener diversas opiniones. Y aunque hay mixturas que denotan un total sinsentido, la grandeza muchas veces es sinónimo de diversidad. Así sucede con Alia, relato que escapa de las fronteras de su propio género. La convergencia de la novela histórica y el relato fantástico dan frutos ácidos, pero atractivos. Seguimos desde la adolescencia, la vida de la joven Alia, mulata de raíces cubanas, hija adoptiva del aristócrata Nicolás de Fontenebro.
Una historia desmenuzada con exhaustividad, tintes de humor negro y constantes quiebres narrativos. Su lectura provoca un recorrido estimulante para el ojo lector, tanto para los acostumbrados a la novela como para los asiduos a la Historia.
La trama se desenvuelve en Madrid y da una perspectiva más o menos panorámica de lo que fue la invasión francesa de Napoleón en España. La tensión política es un hecho común, pero cala de distintas maneras en los personajes. A pesar del exotismo que presenta Alia para su época, no deja de ser hija de su clase. Ha recibido una educación exquisita, enfocada sobre todo en la física, la filosofía, la metafísica y la astronomía, ámbitos también propios de su padre. Sin embargo, la presencia del ama de llaves, doña Paola, envuelve a Alia en ese cariño de la madre que nunca tuvo… una cercanía extraña y antigua la une a la sirvienta, con quien ha compartido una amistad distinta a la aversión que suele manifestar por el resto de la servidumbre. Porque Alia, además de sus privilegios, cuenta con defectos muy humanos que superan el estereotipo de la superheroína. De su juventud brotan la pasión, la ira y el arrebato. La vemos madurar a lo largo de la novela y esa empatía, a ratos incómoda, hace que nos identifiquemos con su personalidad arrolladora. Pareciera ser que el púrpura de sus ojos atraviesa la mirada del lector. Y nos atrae su humanidad imperfecta, su condición de mujer independiente, segura, en contraste con una sociedad católica y conservadora en la que sus amigas se rinden al matrimonio o al convento como si no hubiera otra salida.
Acompañada de su yegua Tormenta, Alia tiene ese carácter quijotesco de querer y buscar, de no quedarse quieta, de responder ante la humillación y ser fiel a su misión vital. Como un caballero al galope indeciso de su Rocinante, Alia carga a sus cortos diecisiete años con una herencia de nombres imprecisos: “Alia de Fontenebro, destinada para algo” le dice su propia intuición. Un algo que junto a ella iremos descubriendo en un camino guiado por la acorazonada y la adrenalina.
La Catwoman española de inicios del siglo XIX trepa por la ciudad como un gato cuyo cuerpo se ha acostumbrado a las alturas, al amor fugaz y ambivalente, a las emociones que embargan cuando se está en los bordes del abismo. Tan natural como comer o dormir, es para la muchacha modificar la curvatura de las líneas del universo, vencer en un par de saltos a su maestro de esgrima, escuchar con oído amazónico los instintos de su organismo. Incluso gestar junto a la duquesa de Berwick un memorable intento de asesinato. Se prepara para tender una emboscada nocturna en la habitación de Napoleón como quien sigue el designio de su vida, esa estrella que le marca la mirada y la dirige hacia grandes objetivos.
El deseo tambaleando entre el amor y el odio por un soldado francés, la curiosidad inagotable por descubrir los orígenes, la llegada de un extraño tío que viene a aclarar mucho más de lo que pretende y los poderes sobrenaturales que le brotan por los poros, teñirán el relato de suspenso e intriga. Una intensidad in crescendo de la que es muy difícil escapar. ¿Estamos dispuestos a conocer el corazón violeta de Alia?