La literatura como indagación imprescindible

Estamos en tiempos de desplome de conceptos, convicciones, formas de entender la vida y de organizarnos. Y eso no es necesariamente malo. Un edificio se desploma cuando envejece, cuando está hecho de un material defectuoso, o cuando, por cualquier circunstancia, deja de ser útil.

Creo que eso es lo que está ocurriendo con el mundo con los conceptos exclusivamente materialistas que nos han ido inoculando. El nihilismo cultural y espiritual nos conducen a un debilitamiento interno muy proclive a la vida adocenada de los rediles humanos.

La literatura es la linterna interior que se enciende cuando buscamos la luz. Y se enciende tanto cuando escribimos o cuando leemos.  En ambos casos estamos activando una fuente de luz que despierta e ilumina a ese yo discerniente que, olvidado, dormita en nosotros y que está llamado a marcar las pautas de nuestra vida. Algunos lo llaman personalidad, otros sujeto lírico, otros voz del alma, pero todos coinciden en que es el responsable discerniente, de manejar el timón de nuestra vida. La literatura constituye el legado compartido de los pioneros que con más lucidez indagaron sobre nuestra naturaleza y sobre las formas de desenvolvernos en este mundo tan hermoso como complejo.

La literatura es la ciencia de la reconstrucción interna, la ciencia compartida que nos indica que no puede haber renovación auténtica sin un desplome del materia caduco que hay dentro de nosotros, tanto en el plano personal como social, ambos intensamente unidos.

Pues bien, la confluencia de miles de factores de distinto origen nos habla urge a renovarnos. Nuestros recientes parámetros vitales: economicismo, materialismo, culto a un cuerpo desalmado, ruindades políticas por doquier… nos anuncian que es tiempo de reinicio, de reinvención, de reconstrucción interna.

Y aquí está nuestra amiga, la literatura, presente desde que en las oscuras cuevas del paleolítico nos preguntábamos por el misterio de las estrellas. 

No estamos hablando de una literatura predeterminada por los parámetros comerciales ni por las modas inducidas, sino de la que surge de dentro, de la que puede leerse con los ojos del alma. Esos flaxes que por la noche iluminan nuestros sueños. La nueva aurora literaria viene a guiarnos, a inaugurar un nuevo día que, amasando los aciertos y errores del anterior y el fermento de nuestras ilusiones renovadas venga a ayudarnos a la reinvención pendiente. Una reinvención que comenzará en el interior de nuestros corazones aportándonos los ingredientes para una vida en plenitud y que acabará por dibujar una sociedad más justa y placentera. Para eso hemos de plasmar nuestros sueños y darlos a conocer. 

Ese es precisamente el viento que sopla en la velas de la nave de Carena: indagación, renovación, valentía, expansión gozo. Ese viento que ya nos está abriendo los mercados de Iberoamérica con unas propuestas intensas, osadas y apasionadas que nos permitan entrar con buen pie en la nueva era que se está abriendo paso. 

Ahí está nuestra editorial, con su equipo maravilloso, con su catálogo cada vez más intenso, con la maravillosa energía de autores y utoras, y la de quienes leen nuestros libros y nos ayudan con sus sugerencias. 

Gracias a todos y feliz entrada en la agrupación estelar de Carena, la parte delantera de Argo Navis, la constelación que navega por el hemisferio sur dando luz a los humanos.

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