Descripción
«¡Ser diferente!», «¡Ser único!», «¡Dejar huella!» es la ilusión de todo ser humano que desembarca en la vida, ese extraño fenómeno que tiene una duración muy muy corta en comparación con el entorno geológico donde aterriza nuestra conciencia.
Curiosamente, cuando uno nace con un rasgo que le hace diferente de los demás, lo que quiere es, precisamente, lo opuesto: ser uno más, fundirse en el cromatismo uniforme de la marea humana que te rodea.
Al menos eso es lo que le ha pasado a la autora, afectada por una parálisis cerebral, lo suficientemente leve como para permitirle llevar a sus 56 años una vida cotidiana absolutamente normal, y lo suficientemente severa –externamente– como para no haber podido integrarse en el mundo laboral, más allá de los «trabajitos» facilitados por personas cercanas a ella.
En su casa siempre la animaron para que escribiera su historia, para que la gente, propensa a juzgar y a clasificar a las personas al primer vistazo, se diera cuenta de que dentro de la Rosa de Jericó que es un cuerpo malogrado hay vida, a menudo, inteligente.
Pero el oficio de vivir la ha fascinado siempre demasiado. Hasta que al cumplir medio siglo de vida, le llegó el momento.
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